Volver al curso: Leer la Biblia JUNIO 6
Lectura del día:1
- 1 Reyes 1:1-53
- Hechos 4:1-37
- Salmo 124:1-8
- Proverbios 16:24

Melakim, el título hebreo, significa «reyes». En la Biblia hebrea, 1 y 2 Reyes eran originalmente una sola obra, pero los traductores griegos (siglo II a.C.) la dividieron en dos libros, y las Biblias en español siguen este patrón. La versión griega utilizó los títulos 3 y 4 de los Reyes.
TEXTO CLAVE: 11:35-36 35 pero le quitaré el reino a su hijo y te daré a ti diez de las tribus. 36 Su hijo tendrá una tribu para que los descendientes de David, mi siervo, sigan reinando y, como una lámpara, brillen en Jerusalén, la ciudad que he escogido para que sea el lugar para mi nombre.
TÉRMINO CLAVE: «DIVISIÓN» Este Libro describe la división de los israelitas en dos reinos rivales. Los reyes de Israel, el reino del norte, eran invariablemente idólatras, mientras que los reyes de Judá, el reino del sur, a veces hacían el bien y a veces el mal.
RESUMEN DE UNA SOLA FRASE: Después del espléndido reinado de Salomón, que culminó con la dedicación del templo en Jerusalén, el reino se dividió, y para confrontar la idolatría Dios levantó profetas, en particular a Elías, quien se opuso al malvado Acab.
AUTOR Y FECHA DE ESCRITURA: Anónimo, tal vez Jeremías cerca del 560 a.C. El primer y el segundo Libro de Reyes son anónimos, pero la tradición judía creía que el autor fue Jeremías, a quien también se le atribuyen los Libros de Jeremías y Lamentaciones. Los eruditos más modernos descartan el punto de vista tradicional. Quienquiera que haya sido el autor, ahora no se puede conocer. La perspectiva es la del exilio en Babilonia. Sin embargo, el escritor utilizó fuentes de un tiempo anterior, de las cuales incorporó la frase «hasta hoy» (por ej.: 1 Rey. 8:8; 2 Rey. 8:22) para cuestiones que no existían durante el exilio.
El público original no se expresa, pero se infiere a partir de la lectura del Libro que está dirigido probablemente a los israelitas cuando vivían en el exilio babilónico. Algunos registros oficiales de la corte del tiempo de la monarquía fueron evidentemente preservados y transportados a Babilonia. Estos incluyeron «el libro de los hechos de Salomón» (1 Rey. 11:41); «el libro de las historias de los reyes de Israel» (1 Rey. 14:19 y otras diecisiete referencias); y «las crónicas de los reyes de Judá» (1 Rey. 14:29 y otras catorce referencias). El escritor seleccionó materiales a partir de estos registros con el fin de interpretar la época de Salomón y la monarquía dividida para la gente de su tiempo.
PROPÓSITO: Puesto que este Libro era originalmente la primera mitad de una sola composición, el propósito de los Libros que ahora se conocen como 1 y 2 Reyes debe ser considerado en conjunto. Esta obra respondía preguntas importantes para los israelitas (que vivían probablemente en los años de exilio en Babilonia) sobre la época de los reyes, desde la perspectiva de Dios. Si ahora estaban en el exilio, ¿por qué había sucedido esto, sobre todo si el gobierno de Salomón había sido tan espléndido? ¿Habían fracasado los reyes posteriores, militarmente? ¿Políticamente? ¿Económicamente? La respuesta era que tanto los reyes como el pueblo habían fracasado teológicamente. Ellos habían abandonado al Señor, su verdadero Rey, y Él les había enviado tres dolorosas lecciones para enseñarles la importancia de mantenerse fieles a Él. En primer lugar, dividió a Israel en dos reinos (1 Rey. 12, alrededor del 931 a.C.); en segundo lugar, utilizó a los asirios para enviar al reino idolátrico del norte al cautiverio permanente (2 Rey. 17, alrededor del 722 a.C.); en tercer lugar, utilizó a los babilonios para enviar al reino idolátrico del sur al exilio temporal (2 Rey. 25, alrededor del 586 a.C.). Por lo tanto, el autor escribió un relato altamente selectivo de los reyes, y evaluó a cada uno en cuanto a si hizo bien o mal ante los ojos del Señor. La perspectiva teológica del autor también se observa en que aproximadamente un tercio de la narración se centra en los ministerios proféticos de Elías y Eliseo. El pueblo de Dios que hoy estudia los Libros de Reyes debe hacerlo con este propósito original en mente.
(2) La sabiduría, el poder y los logros de Salomón les dieron honor a la nación israelita y a Dios. A todos los reyes de Israel y de Judá se les dijo que obedecieran a Dios y que gobernaran de acuerdo con sus leyes. Sin embargo, los reyes tendían a abandonar los mandatos de Dios y a rendir culto a otros dioses para satisfacer sus deseos. Este descuido de la ley de Dios los llevó a su perdición. La sabiduría, el poder y los logros no tienen una fuente humana; provienen de Dios. Cualquier cosa que dirijamos o gobernemos, no la podemos hacer bien si pasamos por alto los principios de Dios. Seamos o no líderes, nuestra eficacia depende de escuchar y obedecer la Palabra de Dios. No permita que sus deseos distorsionen la Palabra de Dios.
B&H Español Editorial Staff. Guía esencial de la Biblia: Caminando a través de los 66 libros de la biblia (p. 179). B&H Publishing Group. Edición de Kindle.
(2) Tyndale. Biblia de estudio del diario vivir NTV (Spanish Edition) (p. 1192). Tyndale House Publishers. Edición de Kindle.
1 Reyes 1:1-53
David en su vejez
1 El rey David era ya muy anciano y, por más frazadas que le ponían, no podía entrar en calor. 2 Así que sus consejeros le dijeron: «Busquemos una joven virgen que lo atienda y lo cuide, mi señor; dormirá en sus brazos y le quitará el frío».
3 Entonces buscaron una muchacha hermosa por toda la tierra de Israel y encontraron a Abisag, de Sunem, y se la llevaron al rey. 4 La joven era muy hermosa; cuidaba al rey y lo atendía, pero el rey no tuvo relaciones sexuales con ella.
Adonías reclama el trono
5 Por ese tiempo, Adonías, hijo de David, cuya madre era Haguit, comenzó a jactarse diciendo: «Voy a proclamarme rey». Así que consiguió carros de guerra con sus conductores y reclutó cincuenta hombres para que corrieran delante de él. 6 Ahora bien, su padre, el rey David, jamás lo había disciplinado, ni siquiera le preguntaba: «¿Por qué haces esto o aquello?». Adonías había nacido después de Absalón y era muy apuesto.
7 Adonías se apoyó en Joab, hijo de Sarvia, y en el sacerdote Abiatar, y ellos aceptaron ayudarlo a llegar a ser rey. 8 Sin embargo, el sacerdote Sadoc y Benaía, hijo de Joiada, junto con el profeta Natán, Simei, Rei y la guardia personal de David se negaron a ayudar a Adonías.
9 Adonías se dirigió a la peña de Zohélet,[a] cerca del manantial de En-rogel, y allí sacrificó ovejas, ganado y terneros engordados. Invitó a todos sus hermanos—los demás hijos del rey David—y a todos los funcionarios reales de Judá; 10 pero no invitó al profeta Natán, ni a Benaía, ni a la guardia personal del rey, ni a su hermano Salomón.
11 Entonces Natán fue a ver a Betsabé, la madre de Salomón, y le preguntó: «¿No te has enterado de que el hijo de Haguit, Adonías, se proclamó rey, y nuestro señor David ni siquiera lo sabe? 12 Si deseas salvar tu vida y la de tu hijo Salomón, sigue mi consejo. 13 Ve ya mismo a ver al rey David y dile: “Mi señor el rey, ¿acaso no me hiciste un juramento cuando me dijiste: ‘Definitivamente tu hijo Salomón será el próximo rey y se sentará en mi trono’? Entonces, ¿por qué Adonías se ha proclamado rey?”. 14 Y mientras tú aún estés hablando con el rey, yo llegaré y confirmaré todo lo que le has dicho».
15 Entonces Betsabé entró en la habitación del rey. (David era ya muy viejo y Abisag lo cuidaba). 16 Betsabé se inclinó ante él.
—¿En qué te puedo ayudar?—le preguntó el rey.
17 Ella le contestó:
—Mi señor, usted hizo un juramento delante del Señor su Dios cuando me dijo: “Te aseguro que tu hijo Salomón será el próximo rey y se sentará en mi trono”. 18 Sin embargo, Adonías se proclamó rey, y mi señor el rey ni siquiera se ha enterado. 19 Ha sacrificado gran cantidad de ganado, terneros engordados y ovejas, y ha invitado a todos los hijos del rey a la celebración. También invitó al sacerdote Abiatar y a Joab, comandante del ejército, pero no invitó a su siervo Salomón. 20 Y ahora, mi señor el rey, todo Israel está esperando que usted anuncie quién será el próximo rey. 21 Si no toma alguna medida, mi hijo Salomón y yo seremos tratados como criminales en cuanto mi señor el rey haya muerto.
22 Mientras ella aún hablaba con el rey, llegó el profeta Natán. 23 Los funcionarios del rey le informaron: «El profeta Natán está aquí y quiere verlo».
Entonces Natán entró y se inclinó ante el rey con el rostro en tierra 24 y le preguntó al rey: «Mi señor el rey, ¿ya has decidido que sea Adonías el próximo rey que se siente en tu trono? 25 Hoy él sacrificó gran cantidad de ganado, terneros engordados y ovejas, e invitó a todos los hijos del rey a la celebración. También invitó a los comandantes del ejército y al sacerdote Abiatar. Ahora están festejando y bebiendo con él, y gritan: “¡Que viva el rey Adonías!”; 26 pero a mí no me invitó, ni al sacerdote Sadoc, ni a Benaía, ni a tu siervo Salomón. 27 ¿Acaso mi señor el rey ha hecho esto sin informar a ninguno de sus funcionarios acerca de quién sería el próximo rey?».
David proclama rey a Salomón
28 Entonces el rey David respondió: «¡Llamen a Betsabé!». Así que Betsabé volvió a entrar y se quedó de pie delante del rey, 29 y el rey repitió su juramento:
—Tan cierto como que el Señor vive y me ha rescatado de todo peligro, 30 tu hijo Salomón será el próximo rey y se sentará en mi trono este mismo día, tal como te lo juré delante del Señor, Dios de Israel.
31 Entonces Betsabé se inclinó ante el rey con el rostro en tierra y exclamó:
—¡Que viva por siempre mi señor, el rey David!
32 Entonces el rey David ordenó: «Llamen al sacerdote Sadoc, al profeta Natán y a Benaía, hijo de Joiada». Cuando ellos llegaron a la presencia del rey, 33 él les dijo:
—Lleven a Salomón y a mis funcionarios hasta el manantial de Gihón. Salomón irá montado en mi mula. 34 Una vez allí, el sacerdote Sadoc y el profeta Natán lo ungirán rey de Israel. Hagan sonar el cuerno de carnero y griten: “¡Que viva el rey Salomón!”. 35 Luego escóltenlo de regreso, y él se sentará en mi trono. Él me sucederá en el trono, porque yo lo he nombrado para que sea gobernante de Israel y de Judá.
36 —¡Amén!—respondió Benaía, hijo de Joiada—. Que el Señor, Dios de mi señor el rey, ordene que así sea. 37 Que el Señor esté con Salomón así como ha estado contigo, mi señor el rey, ¡y que engrandezca el reino de Salomón aún más que el suyo!
38 Entonces el sacerdote Sadoc y el profeta Natán junto con Benaía, hijo de Joiada, y la guardia personal del rey[b] llevaron a Salomón hasta el manantial de Gihón; y Salomón iba montado en la mula que pertenecía al rey David. 39 Allí el sacerdote Sadoc tomó de la carpa sagrada el frasco de aceite de oliva, y ungió a Salomón con el aceite. Luego hicieron sonar el cuerno de carnero, y toda la gente gritó: «¡Que viva el rey Salomón!». 40 Toda la multitud siguió a Salomón hasta Jerusalén, tocando flautas y gritando de alegría. La celebración estaba tan alegre y estruendosa que el sonido hacía temblar la tierra.
41 Adonías y sus invitados escucharon la celebración y los gritos casi al terminar el banquete. Cuando Joab oyó el sonido del cuerno de carnero, preguntó: «¿Qué está pasando? ¿Por qué hay tanto alboroto en la ciudad?».
42 No había terminado de hablar, cuando llegó Jonatán, hijo del sacerdote Abiatar.
—Entra—le dijo Adonías—, porque eres un hombre bueno. Seguramente traes buenas noticias.
43 —¡Para nada!—respondió Jonatán—. ¡Nuestro señor, el rey David, acaba de proclamar rey a Salomón! 44 El rey lo envió al manantial de Gihón con el sacerdote Sadoc, el profeta Natán, y Benaía, hijo de Joiada, e iban protegidos por la guardia personal del rey. Montaron a Salomón en la mula del rey 45 y Sadoc y Natán lo ungieron rey en el manantial de Gihón. Acaban de regresar, y toda la ciudad está celebrando y festejando. Por eso hay tanto ruido. 46 Es más, ahora mismo Salomón está sentado en el trono real como rey, 47 y todos los funcionarios reales han ido a felicitar al rey David y a decirle: “¡Que su Dios aumente la fama de Salomón aún más que la suya, y que engrandezca el reinado de Salomón aún más que el suyo!”. Entonces el rey inclinó la cabeza en adoración mientras estaba en su cama 48 y dijo: “Alabado sea el Señor, Dios de Israel, quien el día de hoy ha escogido a un sucesor que se siente en mi trono mientras yo aún vivo para presenciarlo”.
49 Entonces todos los invitados de Adonías, presos del pánico, saltaron de la mesa del banquete y se dispersaron velozmente. 50 Adonías tuvo miedo de Salomón, por lo que corrió a la carpa sagrada y se agarró de los cuernos del altar. 51 Pronto llegó a Salomón la noticia de que Adonías, por temor, se había agarrado de los cuernos del altar y rogaba: «¡Que el rey Salomón jure hoy que no me matará!».
52 Salomón respondió: «Si él demuestra ser leal, no se le tocará un pelo de la cabeza; pero si causa problemas, morirá». 53 Entonces el rey Salomón mandó llamar a Adonías, y lo bajaron del altar. Adonías llegó y se inclinó respetuosamente ante el rey Salomón, quien lo despidió diciéndole: «Vete a tu casa».
Hechos 4:1-37
Pedro y Juan ante el Concilio
4 Mientras Pedro y Juan le hablaban a la gente, se vieron enfrentados por los sacerdotes, el capitán de la guardia del templo y algunos de los saduceos. 2 Estos líderes estaban sumamente molestos porque Pedro y Juan enseñaban a la gente que hay resurrección de los muertos por medio de Jesús. 3 Los arrestaron y, como ya era de noche, los metieron en la cárcel hasta la mañana siguiente. 4 Pero muchos de los que habían oído el mensaje lo creyeron, así que el número de hombres creyentes ascendió a un total aproximado de cinco mil.
5 Al día siguiente, el Concilio—integrado por todos los gobernantes, ancianos y maestros de la ley religiosa—se reunió en Jerusalén. 6 El sumo sacerdote, Anás, estaba presente junto con Caifás, Juan, Alejandro y otros parientes del sumo sacerdote. 7 Hicieron entrar a los dos discípulos y les preguntaron:
—¿Con qué poder o en nombre de quién han hecho esto?
8 Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo:
—Gobernantes y ancianos de nuestro pueblo, 9 ¿nos interrogan hoy por haber hecho una buena obra a un lisiado? ¿Quieren saber cómo fue sanado? 10 Déjenme decirles claramente tanto a ustedes como a todo el pueblo de Israel que fue sanado por el poderoso nombre de Jesucristo de Nazaret,[a] el hombre a quien ustedes crucificaron pero a quien Dios levantó de los muertos. 11 Pues es Jesús a quien se refieren las Escrituras cuando dicen:
“La piedra que ustedes, los constructores, rechazaron
ahora se ha convertido en la piedra principal”[b].
12 ¡En ningún otro hay salvación! Dios no ha dado ningún otro nombre bajo el cielo, mediante el cual podamos ser salvos.
13 Los miembros del Concilio quedaron asombrados cuando vieron el valor de Pedro y de Juan, porque veían que eran hombres comunes sin ninguna preparación especial en las Escrituras. También los identificaron como hombres que habían estado con Jesús. 14 Sin embargo, dado que podían ver allí de pie entre ellos al hombre que había sido sanado, no hubo nada que el Concilio pudiera decir. 15 Así que les ordenaron a Pedro y a Juan que salieran de la sala del Concilio,[c] y consultaron entre ellos.
16 «¿Qué debemos hacer con estos hombres?—se preguntaban unos a otros—. No podemos negar que han hecho una señal milagrosa, y todos en Jerusalén ya lo saben. 17 Así que para evitar que sigan divulgando su propaganda aún más, tenemos que advertirles que no vuelvan a hablar con nadie en el nombre de Jesús». 18 Entonces llamaron nuevamente a los apóstoles y les ordenaron que nunca más hablaran ni enseñaran en el nombre de Jesús.
19 Pero Pedro y Juan respondieron: «¿Acaso piensan que Dios quiere que los obedezcamos a ustedes en lugar de a él? 20 Nosotros no podemos dejar de hablar acerca de todo lo que hemos visto y oído».
21 Entonces el Concilio los amenazó aún más, pero finalmente los dejaron ir porque no sabían cómo castigarlos sin desatar un disturbio. Pues todos alababan a Dios 22 por esa señal milagrosa, la sanidad de un hombre que había estado lisiado por más de cuarenta años.
Los creyentes oran por valentía
23 Tan pronto como quedaron libres, Pedro y Juan volvieron adonde estaban los demás creyentes y les contaron lo que los sacerdotes principales y los ancianos les habían dicho. 24 Cuando los creyentes oyeron las noticias, todos juntos alzaron sus voces en oración a Dios: «Oh Señor Soberano, Creador del cielo y de la tierra, del mar y de todo lo que hay en ellos, 25 hace mucho tiempo tú hablaste por el Espíritu Santo mediante nuestro antepasado David, tu siervo, y dijiste:
“¿Por qué estaban tan enojadas las naciones?
¿Por qué perdieron el tiempo en planes inútiles?
26 Los reyes de la tierra se prepararon para la batalla,
los gobernantes se reunieron
en contra del Señor
y en contra de su Mesías”[d].
27 »De hecho, ¡eso ha ocurrido aquí en esta misma ciudad! Pues Herodes Antipas, el gobernador Poncio Pilato, los gentiles[e] y el pueblo de Israel estaban todos unidos en contra de Jesús, tu santo siervo, a quien tú ungiste. 28 Sin embargo, todo lo que hicieron ya estaba determinado de antemano de acuerdo con tu voluntad. 29 Y ahora, oh Señor, escucha sus amenazas y danos a nosotros, tus siervos, mucho valor al predicar tu palabra. 30 Extiende tu mano con poder sanador; que se hagan señales milagrosas y maravillas por medio del nombre de tu santo siervo Jesús».
31 Después de esta oración, el lugar donde estaban reunidos tembló y todos fueron llenos del Espíritu Santo. Y predicaban con valentía la palabra de Dios.
Los creyentes comparten sus bienes
32 Todos los creyentes estaban unidos de corazón y en espíritu. Consideraban que sus posesiones no eran propias, así que compartían todo lo que tenían. 33 Los apóstoles daban testimonio con poder de la resurrección del Señor Jesús y la gran bendición de Dios estaba sobre todos ellos. 34 No había necesitados entre ellos, porque los que tenían terrenos o casas los vendían 35 y llevaban el dinero a los apóstoles para que ellos lo dieran a los que pasaban necesidad.
36 Por ejemplo, había un tal José, a quien los apóstoles le pusieron el sobrenombre Bernabé (que significa «hijo de ánimo»). Él pertenecía a la tribu de Leví y era oriundo de la isla de Chipre. 37 Vendió un campo que tenía y llevó el dinero a los apóstoles.
Salmo 124:1-8
Cántico para los peregrinos que suben a Jerusalén. Salmo de David.
124 ¿Qué habría ocurrido si el Señor no hubiera estado de nuestro lado?
Que todo Israel repita:
2 ¿Qué habría ocurrido si el Señor no hubiera estado de nuestro lado
cuando nos atacaron?
3 Nos habrían tragado vivos
en el ardor de su enojo.
4 Las aguas nos habrían envuelto;
un torrente nos habría inundado.
5 Así es, las impetuosas aguas de su furia
nos habrían ahogado hasta la vida misma.
6 ¡Alaben al Señor,
quien no permitió que nos despedazaran con sus dientes!
7 Escapamos como un pájaro de la trampa del cazador;
¡la trampa se rompió y somos libres!
8 Nuestra ayuda viene del Señor,
quien hizo el cielo y la tierra.
Proverbios 16:24
24 Las palabras amables son como la miel:
dulces al alma y saludables para el cuerpo.
- Todo el texto bíblico ha sido tomado de la Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente, © 2010 Tyndale House Foundation. Edición de Kindle. ↩︎
