Volver al curso: Leer la Biblia ABRIL 30
Lectura del día:1
- Jueces 11:1–12:15
- Juan 1:1-28
- Salmo 101:1-8
- Proverbios 14:13-14
Jueces 11:1–12:15
Jefté, juez de Israel
11 Jefté era un gran guerrero de la región de Galaad. Era hijo de Galaad, pero su madre era una prostituta. 2 La esposa de Galaad tuvo varios hijos, y cuando esos medios hermanos de Jefté crecieron, lo echaron del territorio. «Tú no recibirás ninguna parte de la herencia de nuestro padre—le dijeron—, porque eres hijo de una prostituta». 3 Así que Jefté huyó de sus hermanos y vivió en la tierra de Tob. En poco tiempo, tuvo una banda de rebeldes despreciables que lo seguían.
4 Por ese entonces, los amonitas comenzaron a hacer guerra contra Israel. 5 Así que cuando los amonitas atacaron, los ancianos de Galaad mandaron a buscar a Jefté a la tierra de Tob 6 y le dijeron:
—¡Ven y sé nuestro comandante! ¡Ayúdanos a pelear contra los amonitas!
7 Pero Jefté les respondió:
—¿Acaso no son ustedes los mismos que me odiaban y me echaron de la casa de mi padre? ¿Por qué vienen a buscarme ahora que están en apuros?
8 —Porque te necesitamos—contestaron los ancianos—. Si marchas al frente de nosotros a la batalla contra los amonitas, te proclamaremos gobernante de todo el pueblo de Galaad.
9 Jefté les dijo a los ancianos:
—A ver si entiendo bien: si voy con ustedes y el Señor me da la victoria sobre los amonitas, ¿de veras me harán gobernante de todo el pueblo?
10 —El Señor es nuestro testigo—contestaron los ancianos—. Prometemos hacer todo lo que tú digas.
11 Entonces Jefté fue con los ancianos de Galaad, y el pueblo lo proclamó gobernante y comandante del ejército. En Mizpa, en presencia del Señor, Jefté repitió lo que les había dicho a los ancianos.
12 Luego Jefté envió mensajeros al rey de Amón, para preguntarle:
—¿Por qué has salido a pelear contra mi tierra?
13 El rey de Amón contestó a los mensajeros de Jefté:
—Cuando los israelitas salieron de Egipto, me robaron la tierra desde el río Arnón hasta el río Jaboc, y desde allí hasta el Jordán. Así que ahora, devuélvanme mi tierra pacíficamente.
14 En respuesta, Jefté le envió al rey amonita el siguiente mensaje:
15 «Esto es lo que dice Jefté: Israel no robó ninguna tierra ni a Moab ni a Amón. 16 Cuando los israelitas llegaron a Cades, en su viaje desde Egipto, después de cruzar el mar Rojo,[a] 17 enviaron mensajeros al rey de Edom para pedirle que les permitiera pasar por su tierra. Pero su petición fue denegada. Entonces le pidieron lo mismo al rey de Moab, pero él tampoco los dejó pasar por su tierra. Por eso el pueblo de Israel se quedó en Cades.
18 »Finalmente, se fueron rodeando por el desierto los territorios de Edom y Moab. Viajaron a lo largo de la frontera oriental de Moab y acamparon al otro lado del río Arnón. Pero ni una sola vez cruzaron el río Arnón para entrar en Moab, porque el Arnón era la frontera de Moab.
19 »Después Israel envió mensajeros al rey Sehón, de los amorreos, quien reinaba desde Hesbón, a fin de pedirle permiso para atravesar su territorio y llegar a su destino. 20 Pero el rey Sehón no confiaba lo suficiente en Israel para dejarlo pasar por su tierra. En cambio, movilizó a su ejército en Jahaza y atacó a los israelitas. 21 Pero el Señor, Dios de Israel, le dio a su pueblo la victoria sobre el rey Sehón. Entonces Israel se apoderó de la tierra de los amorreos, quienes vivían en aquella región, 22 desde el río Arnón hasta el río Jaboc, y desde el desierto oriental hasta el Jordán.
23 »Así que, como ves, fue el Señor, Dios de Israel, quien les quitó la tierra a los amorreos y se la dio a Israel. Entonces, ¿por qué tendríamos que devolvértela a ti? 24 Tú quédate con todo lo que te dé tu dios Quemos, y nosotros nos quedaremos con todo lo que nos dé el Señor nuestro Dios. 25 ¿Acaso eres tú mejor que Balac, hijo de Zipor, rey de Moab? ¿Intentó él presentar argumentos contra Israel por territorios en conflicto? ¿Entró en guerra con los israelitas?
26 »Hace trescientos años que Israel vive aquí, tanto en Hesbón como en los asentamientos de alrededor, hasta Aroer y sus asentamientos, y en todas las ciudades a lo largo del río Arnón. ¿Por qué no has hecho ningún esfuerzo hasta ahora para recuperar la tierra? 27 Por lo tanto, yo no pequé contra ti. Más bien, tú me hiciste daño al atacarme. Que el Señor, quien es juez, decida hoy quién de nosotros tiene la razón: si Amón o Israel».
28 Pero el rey de Amón no hizo caso al mensaje de Jefté.
El voto de Jefté
29 En esa ocasión, el Espíritu del Señor vino sobre Jefté, y él recorrió toda la tierra de Galaad y de Manasés, incluida Mizpa en Galaad y, desde allí, lideró al ejército contra los amonitas. 30 Y Jefté hizo un voto al Señor: «Si me das la victoria sobre los amonitas, 31 yo entregaré al Señor al primero que salga de mi casa para recibirme cuando regrese triunfante. Lo sacrificaré como ofrenda quemada».
32 Así que Jefté dirigió al ejército contra los amonitas, y el Señor le dio la victoria. 33 Aplastó a los amonitas, devastó unas veinte ciudades desde Aroer hasta una zona cerca de Minit, y desde allí hasta Abel-keramim. De esa forma, Israel derrotó a los amonitas.
34 Cuando Jefté volvió a su casa en Mizpa, su hija salió a recibirlo tocando una pandereta y danzando de alegría. Ella era su hija única, ya que él no tenía más hijos ni hijas. 35 Cuando la vio, se rasgó la ropa en señal de angustia.
—¡Hija mía!—clamó—. ¡Me has destruido por completo! ¡Me has traído una gran calamidad! Pues hice un voto al Señor y no puedo dejar de cumplirlo.
36 Y ella le dijo:
—Padre, si hiciste un voto al Señor, debes hacer conmigo lo que prometiste, porque el Señor te ha dado una gran victoria sobre tus enemigos, los amonitas. 37 Pero antes, permíteme hacer una sola cosa: déjame subir a deambular por las colinas y a llorar con mis amigas durante dos meses, porque moriré virgen.
38 —Puedes ir—le dijo Jefté.
Y la dejó salir por el término de dos meses. Ella y sus amigas subieron a las colinas y lloraron porque ella nunca tendría hijos. 39 Cuando volvió a su casa, su padre cumplió el voto que había hecho, y ella murió virgen.
Así que se hizo costumbre en Israel 40 que las jóvenes israelitas se ausentaran cuatro días cada año para lamentar la desgracia de la hija de Jefté.
Efraín lucha con Jefté
12 Luego los hombres de Efraín movilizaron a un ejército y cruzaron el río Jordán hasta Zafón. Entonces enviaron el siguiente mensaje a Jefté:
—¿Por qué no nos llamaste para que te ayudáramos a luchar contra los amonitas? ¡Quemaremos tu casa contigo adentro!
2 Jefté respondió:
—¡Yo los convoqué cuando comenzó el conflicto, pero ustedes se negaron a venir! No quisieron ayudarnos a luchar contra Amón. 3 De modo que, al ver que no vendrían, arriesgué mi vida y salí a combatir sin ustedes, y el Señor me dio la victoria sobre los amonitas. Así que, ¿por qué vienen ahora a pelear conmigo?
4 La gente de Efraín contestó:
—Ustedes, los de Galaad, no son más que fugitivos de Efraín y de Manasés.
Entonces Jefté reunió a todos los hombres de Galaad, atacó a los hombres de Efraín y los derrotó.
5 Jefté tomó control de los vados del río Jordán y cada vez que un fugitivo de Efraín trataba de cruzar para volver a su tierra, los hombres de Galaad lo desafiaban preguntándole: «¿Eres miembro de la tribu de Efraín?». Si decía el hombre: «No, no lo soy», 6 ellos le pedían que pronunciara la palabra «shibolet». Si era de Efraín, diría «sibolet», porque a la gente de Efraín le cuesta pronunciar bien esa palabra. Entonces se lo llevaban y lo mataban en los vados del Jordán. En total mataron a cuarenta y dos mil de la tribu de Efraín en esos días.
7 Jefté fue juez de Israel durante seis años. Cuando murió, lo enterraron en una de las ciudades de Galaad.
Ibzán, juez de Israel
8 Después de la muerte de Jefté, Ibzán, de Belén, fue juez de Israel. 9 Tuvo treinta hijos y treinta hijas. Envió a sus hijas a casarse con hombres que no pertenecían a su clan, y trajo treinta mujeres jóvenes que tampoco eran de su clan para que se casaran con sus hijos. Ibzán fue juez de Israel durante siete años. 10 Cuando murió, lo enterraron en Belén.
Elón, juez de Israel
11 Después de la muerte de Ibzán, Elón, de la tribu de Zabulón, fue juez de Israel durante diez años. 12 Cuando murió, lo enterraron en Ajalón, en la tierra de Zabulón.
Abdón, juez de Israel
13 Después de la muerte de Elón, fue juez de Israel Abdón, hijo de Hilel, de Piratón. 14 Tuvo cuarenta hijos varones y treinta nietos varones, quienes cabalgaban sobre setenta burros. Fue juez en Israel por ocho años. 15 Cuando murió, lo enterraron en Piratón, en Efraín, en la zona montañosa de los amalecitas.

Este título se ha asociado con el cuarto Evangelio desde que este se conoce. Fue nombrado así porque se cree que su autor fue Juan, el apóstol de Jesús.
TEXTO CLAVE: 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
TÉRMINO CLAVE: «SEÑOR» Desde el comienzo del prólogo hasta el final del Evangelio, Jesús es presentado como Señor y Dios, con un énfasis proporcionalmente mayor en Su Deidad que en los otros Evangelios.
RESUMEN DE UNA SOLA FRASE: Jesús es el Hijo de Dios que hace señales y ofrece vida eterna, sobre la base de Su muerte y resurrección, a todos los que creen en Él.
(2) TAN SOLO HABLÓ, y surgieron galaxias a la existencia, brillaron estrellas en el cielo y los planetas tomaron su órbita. Sus palabras tenían un poder imponente e ilimitado. Nuevamente habló, y las aguas y la tierra se llenaron de plantas y criaturas que corrían, nadaban, crecían y se multiplicaban; eran palabras de vida y aliento. Volvió a hablar y formó al hombre y a la mujer que pensaban, hablaban y amaban; eran gloriosas palabras, creativas y personales. Eterno, infinito e inagotable, el Creador fue, es y siempre será el Señor de todo lo que existe.
Entonces el poderoso Creador se hizo parte de su creación. Vino a un diminuto punto en el universo llamado el planeta Tierra. Tomó forma humana, limitado por el tiempo y el espacio, susceptible a la edad, a las enfermedades y a la muerte. A causa de su amor, vino a salvar a la humanidad que había pecado y estaba perdida y a darles el regalo de la vida eterna. Él es la Palabra: Jesús, el Mesías. Esta es la verdad que el apóstol Juan nos presenta en su Evangelio.
No es una biografía de Cristo, sino un argumento poderoso a favor de la encarnación de Dios, una prueba contundente de que Jesús es el Hijo de Dios enviado del cielo y la única fuente de vida eterna. Juan revela la identidad de Jesús desde sus primeras palabras: «En el principio la Palabra ya existía. La Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. El que es la Palabra existía en el principio con Dios» (1: 1-2) y desarrolla el tema en el resto del libro.
AUTOR Y FECHA DE ESCRITURA: El apóstol Juan, quizás alrededor del 80–90 d.C. Al igual que todos los Evangelios, el Libro es
anónimo. La tradición cristiana primitiva afirmó, de común acuerdo, que Juan compuso este Evangelio. Él era un pescador de Galilea, hijo de Zebedeo y hermano de Jacobo, a quien Jesús llamó a ser apóstol (Mar. 1:19; 3:17). Según Hechos, Juan y Pedro fueron líderes prominentes de la iglesia primitiva.
El autor afirmó ser un testigo ocular (21:24) y se refirió a sí mismo en tercera persona como «el discípulo a quien Jesús amaba» (13:23; 19:26; 20:2; 21:7,20). Sin dudas, la tradición de la autoría de Juan es correcta. Este Evangelio fue el último en ser escrito, pues da por sentado el conocimiento de muchos acontecimientos en el ministerio de Jesús (los cuales se omiten). Por otro lado, ofrece una gran cantidad de material nuevo. La década de los 80 d.C. es una buena fecha de estimación para la composición de este Evangelio.
PÚBLICO INICIAL Y DESTINATARIO: Probablemente los cristianos que vivían en la provincia romana de Asia. Los eruditos han debatido este tema con mucha intensidad. Según la fuerte y consistente tradición cristiana, Juan vivió una larga vida y ministró en Éfeso, la ciudad más grande de la provincia romana de Asia. No existe una razón convincente para dudar de este destinatario original.
Sin embargo, entre los eruditos hay división de opiniones sobre si el público inicial era griego, judío o simplemente cristiano.
Aquellos que creen que Juan escribió a un público griego (no cristiano) notan, entre otras cosas, que el apóstol comienza resaltando a Jesús como el Logos, «la Palabra», un concepto de la filosofía griega.
Los que creen que el público era judío, enfatizan que Juan quería que las personas creyeran que Jesús era el Cristo (20:31).
Las similitudes entre este Libro y las cartas de Juan, que sin duda fueron escritas para los creyentes, quizás indiquen que este Evangelio fue redactado, en primer lugar, para el beneficio de estos últimos. En la providencia de Dios, esta carta ha llegado a ser de extraordinaria eficacia para llevar a los no creyentes a aceptar a Jesús como Señor y Salvador.
El autor declara su propósito de forma explícita casi al final del Libro (20:30-31). Escribió su Evangelio para proporcionar un relato de la vida de Jesús y de las señales que realizó para que las personas crean en Él y reciban vida eterna. Debido a que el verbo «creer» puede ser traducido como «continuar creyendo», sin duda su propósito incluía la edificación de los seguidores de Jesús, así como la conversión de los no creyentes.
B&H Español Editorial Staff. Guía esencial de la Biblia: Caminando a través de los 66 libros de la biblia (p. 579). B&H Publishing Group. Edición de Kindle.
(2) Nueva Traducción Viviente. Biblia de estudio del diario vivir NTV (Spanish Edition) (p. 3704). Tyndale House Publishers. Edición de Kindle.
Juan 1:1-28
Prólogo: Cristo, la Palabra eterna
1 En el principio la Palabra ya existía.
La Palabra estaba con Dios,
y la Palabra era Dios.
2 El que es la Palabra existía en el principio con Dios.
3 Dios creó todas las cosas por medio de él,
y nada fue creado sin él.
4 La Palabra le dio vida a todo lo creado,[a]
y su vida trajo luz a todos.
5 La luz brilla en la oscuridad,
y la oscuridad jamás podrá apagarla.[b]
6 Dios envió a un hombre llamado Juan el Bautista[c] 7 para que contara acerca de la luz, a fin de que todos creyeran por su testimonio. 8 Juan no era la luz; era solo un testigo para hablar de la luz. 9 Aquel que es la luz verdadera, quien da luz a todos, venía al mundo.
10 Vino al mismo mundo que él había creado, pero el mundo no lo reconoció. 11 Vino a los de su propio pueblo, y hasta ellos lo rechazaron; 12 pero a todos los que creyeron en él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios. 13 Ellos nacen de nuevo, no mediante un nacimiento físico como resultado de la pasión o de la iniciativa humana, sino por medio de un nacimiento que proviene de Dios.
14 Entonces la Palabra se hizo hombre[d] y vino a vivir entre nosotros. Estaba lleno de amor inagotable y fidelidad.[e] Y hemos visto su gloria, la gloria del único Hijo del Padre.
15 Juan dio testimonio de él cuando clamó a las multitudes: «A él me refería yo cuando decía: “Alguien viene después de mí que es muy superior a mí porque existe desde mucho antes que yo”».
16 De su abundancia, todos hemos recibido una bendición inmerecida tras otra.[f] 17 Pues la ley fue dada por medio de Moisés, pero el amor inagotable de Dios y su fidelidad vinieron por medio de Jesucristo. 18 Nadie ha visto jamás a Dios; pero el Único, que es Dios,[g] está íntimamente ligado al Padre. Él nos ha revelado a Dios.
El testimonio de Juan el Bautista
19 Este fue el testimonio que dio Juan cuando los líderes judíos enviaron sacerdotes y ayudantes del templo[h] desde Jerusalén para preguntarle:
—¿Quién eres?
20 Él dijo con toda franqueza:
—Yo no soy el Mesías.
21 —Bien. Entonces, ¿quién eres?—preguntaron—. ¿Eres Elías?
—No—contestó.
—¿Eres el Profeta que estamos esperando?[i]
—No.
22 —Entonces, ¿quién eres? Necesitamos alguna respuesta para los que nos enviaron. ¿Qué puedes decirnos de ti mismo?
23 Juan contestó con las palabras del profeta Isaías:
«Soy una voz que clama en el desierto:
“¡Abran camino para la llegada del Señor!”»[j].
24 Entonces los fariseos que habían sido enviados 25 le preguntaron:
—Si no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta, ¿con qué derecho bautizas?
26 Juan les dijo:
—Yo bautizo con[k] agua, pero aquí mismo, en medio de la multitud, hay alguien a quien ustedes no reconocen. 27 Aunque su servicio viene después del mío, yo ni siquiera soy digno de ser su esclavo, ni de desatar las correas de sus sandalias.
28 Ese encuentro ocurrió en Betania, una región situada al oriente del río Jordán, donde Juan estaba bautizando.
Salmo 101:1-8
Salmo de David.
101 Cantaré de tu amor y de tu justicia, oh Señor;
te alabaré con canciones.
2 Tendré cuidado de llevar una vida intachable;
¿cuándo vendrás a ayudarme?
Viviré con integridad
en mi propio hogar.
3 Me negaré a mirar
cualquier cosa vil o vulgar.
Detesto a los que actúan de manera deshonesta;
no tendré nada que ver con ellos.
4 Rechazaré las ideas perversas
y me mantendré alejado de toda clase de mal.
5 No toleraré a los que calumnian a sus vecinos;
no soportaré la presunción ni el orgullo.
6 Buscaré a personas fieles
para que sean mis compañeros;
solo a los que sean irreprochables
se les permitirá servirme.
7 No permitiré que los engañadores sirvan en mi casa,
y los mentirosos no permanecerán en mi presencia.
8 Mi tarea diaria será descubrir a los perversos
y liberar de sus garras a la ciudad del Señor.
Proverbios 14:13-14
13 La risa puede ocultar un corazón afligido,
pero cuando la risa termina, el dolor permanece.
14 Los descarriados reciben su merecido;
la gente buena recibe su recompensa.
- Todo el texto bíblico ha sido tomado de la Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente, © 2010 Tyndale House Foundation. Edición de Kindle. ↩︎
