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Lectura del día:1

El nombre es la traducción del título hebreo, Shofetim, que también podría ser traducido como «líderes» o «jefes». Se refiere al estilo de gobierno en Israel desde la muerte de Josué, hasta la monarquía de Saúl. Los jueces no presidían sobre tribunales como el término en español podría sugerir.

TEXTO CLAVE: 21:25 En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía.

TÉRMINO CLAVE: «ENTREGADO» Cada vez que los israelitas caían en la apostasía, Dios los entregaba a sus enemigos políticos. Luego, después que ellos clamaban a Dios, Él levantaba a un líder que los libraba de sus opresores. En ambas situaciones, Dios liberaba a Su pueblo, porque Él es el Juez supremo (11:27).

RESUMEN DE UNA SOLA FRASE: Israel experimentó el ciclo repetido de apostasía, opresión, arrepentimiento y restauración llevada a cabo por los jueces designados por Dios en todo el largo período después de la muerte de Josué. El libro de Jueces es acerca de héroes: doce hombres y mujeres que liberaron a Israel de sus opresores. Estos jueces no eran perfectos. De   hecho, entre ellos hubo un asesino, uno que dudaba de Dios y otro que era promiscuo; pero aún así Dios los utilizó.

(2) Jueces también es acerca del pecado y sus consecuencias. Como una herida o un rasguño que se infecta si no se limpia y luego contamina al resto del cuerpo, así también el pecado crece y se esparce. El libro de Josué termina con el pueblo de Israel tomando la decisión de obedecer a Dios, listo para experimentar las bendiciones de la Tierra Prometida. Lamentablemente, después de establecerse en Canaán, los israelitas perdieron su motivación y abandonaron su compromiso espiritual. Cuando murieron Josué y los ancianos de su generación, la nación experimentó un vacío de liderazgo que la dejó sin un gobierno central fuerte. En lugar de disfrutar de libertad y prosperidad en la Tierra Prometida, Israel entró en una era oscura de su historia. Básicamente, la razón de esta decadencia tan rápida fue el pecado, tanto individual como colectivo. El primer factor que los distanció de Dios fue su obediencia parcial (1: 11– 2: 5). Los israelitas no expulsaron a sus enemigos de la tierra por completo. Esto permitió que se unieran en matrimonio con ellos y rindieran culto a ídolos (2: 6– 3: 7).

AUTOR Y FECHA DE ESCRITURA: Desconocido, tal vez Samuel, hacia el 1050 a.C. El Libro es anónimo. Difícilmente podría haber sido terminado hasta después de todos sus acontecimientos, y el repetido estribillo «en aquellos días no había rey en Israel» (17:6; 18:1; 19:1; 21:25) sugiere que el autor escribió en un momento en el que había un rey. La tradición judía identificó a Samuel como el autor. No hay ninguna razón por la que Samuel no podría haber escrito en los primeros días del reinado de Saúl, en cuyo caso este es un complemento al Libro de Josué. El texto de Jueces lleva la marca de relatos de testigos oculares de los acontecimientos narrados que estuvieron accesibles para el autor. Además, el autor utilizó fuentes antiguas, tales como «El cántico de Débora» (Cap. 5).

PÚBLICO INICIAL Y DESTINATARIO: Los israelitas después de establecerse en Canaán, una vez instaurada la monarquía. La primera audiencia fue la nación israelita en su propia tierra. Sin duda, el Libro (que primero existió en forma de pergamino, al igual que todos los Libros bíblicos) fue colocado junto al creciente canon de las Escrituras hebreas en el tabernáculo en Silo. El autor de Jueces prepara el escenario con un resumen de las vicisitudes de las respectivas tribus, mientras reclamaban la tierra que el Señor les había asignado (1:1-36). Los resultados son presentados en un orden deliberado, comenzando con los éxitos de Judá y terminando con el fracaso total de Dan. Este patrón anticipa la estructura de los relatos que siguen, pues el retrato de la nación comienza más bien positivamente con Otoniel (3:7-11), pero con cada ciclo la imagen se vuelve más y más sombría.

B&H Español Editorial Staff. Guía esencial de la Biblia: Caminando a través de los 66 libros de la biblia (p. 133). B&H Publishing Group. Edición de Kindle.

(2) Nueva Traducción Viviente. Biblia de estudio del diario vivir NTV (Spanish Edition) (pp. 869-870). Tyndale House Publishers. Edición de Kindle.

Judá y Simeón conquistan la tierra

Después de la muerte de Josué, los israelitas le preguntaron al Señor:

—¿Cuál de las tribus debe ser la primera en atacar a los cananeos?

El Señor contestó:

—Judá, porque yo le he dado la victoria sobre la tierra.

Entonces los hombres de Judá les dijeron a sus parientes de la tribu de Simeón: «Vengan con nosotros a luchar contra los cananeos que viven en el territorio que se nos asignó. Después nosotros los ayudaremos a ustedes a conquistar su territorio». Así que los hombres de Simeón fueron con los de Judá.

Cuando los hombres de Judá atacaron, el Señor les dio la victoria sobre los cananeos y los ferezeos, y mataron a diez mil guerreros enemigos en la ciudad de Bezec. Mientras estaban en Bezec, se toparon con el rey Adoni-bezec y lucharon contra él, y derrotaron a los cananeos y a los ferezeos. Adoni-bezec escapó, pero los israelitas pronto lo capturaron y le cortaron los pulgares de las manos y los dedos gordos de los pies.

Adoni-bezec dijo: «Una vez yo tuve setenta reyes sin los pulgares de las manos y los dedos gordos de los pies, comiendo migajas debajo de mi mesa. Ahora Dios me devolvió lo que les hice». Y se lo llevaron a Jerusalén, donde murió.

Los hombres de Judá atacaron a Jerusalén y la tomaron; mataron a todos sus habitantes y prendieron fuego a la ciudad. Luego descendieron para combatir contra los cananeos que vivían en la zona montañosa, en el Neguev y en las colinas occidentales.[a] 10 Judá marchó contra los cananeos en Hebrón (antiguamente llamada Quiriat-arba) y derrotó a las fuerzas de Sesai, Ahimán y Talmai.

11 De allí salieron a luchar contra los habitantes de la ciudad de Debir (antiguamente llamada Quiriat-sefer). 12 Caleb dijo: «Daré a mi hija Acsa en matrimonio al que ataque y tome Quiriat-sefer». 13 Otoniel, hijo de Cenaz, un hermano menor de Caleb, fue quien conquistó la ciudad; así que Acsa pasó a ser esposa de Otoniel.

14 Cuando Acsa se casó con Otoniel, ella insistió en que él le pidiera[b] un campo a Caleb, su padre. Mientras ella se bajaba de su burro, Caleb le preguntó:

—¿Qué te pasa?

15 Ella contestó:

—Concédeme otro obsequio. Ya me regalaste tierras en el Neguev; ahora te ruego que también me des manantiales.

Entonces Caleb le entregó tanto los manantiales de la parte alta como los de la parte baja.

16 Cuando los miembros de la tribu de Judá salieron de Jericó—la ciudad de las palmeras—, los ceneos (que eran descendientes del suegro de Moisés) los acompañaron al desierto de Judá y se establecieron entre la gente del lugar, cerca de la ciudad de Arad, en el Neguev.

17 Luego Judá se unió con Simeón para luchar contra los cananeos que vivían en Sefat, y destruyeron la ciudad por completo.[c] Por eso la ciudad fue llamada Horma.[d] 18 Además Judá tomó las ciudades de Gaza, Ascalón y Ecrón, junto con los territorios vecinos.

Israel no conquista toda la tierra

19 El Señor estaba con los de Judá, y ellos tomaron posesión de la zona montañosa; pero no lograron expulsar a los habitantes de las llanuras, quienes tenían carros de guerra hechos de hierro. 20 Caleb recibió la ciudad de Hebrón, tal como Moisés le había prometido, y expulsó a todos sus habitantes, que eran descendientes de los tres hijos de Anac.

21 Sin embargo, la tribu de Benjamín no logró expulsar a los jebuseos, quienes vivían en Jerusalén. Por eso, hasta el día de hoy, los jebuseos viven en Jerusalén junto con el pueblo de Benjamín.

22 Los descendientes de José atacaron la ciudad de Betel, y el Señor estuvo con ellos. 23 Enviaron espías a Betel (antes conocida como Luz), 24 quienes abordaron a un hombre que salía del poblado y le dijeron: «Muéstranos cómo entrar en la ciudad, y tendremos compasión de ti». 25 Entonces él les mostró una vía de acceso, y ellos mataron a todos en la ciudad, menos a ese hombre y a su familia. 26 Más tarde, el hombre se trasladó a la tierra de los hititas, donde estableció una ciudad a la que llamó Luz. Este nombre lo conserva hasta el día de hoy.

27 La tribu de Manasés no logró expulsar a la gente que vivía en Bet-sán,[e] Taanac, Dor, Ibleam, Meguido y en todos los asentamientos vecinos, porque los cananeos estaban decididos a quedarse en esa región. 28 Con el tiempo, cuando los israelitas se fortalecieron, obligaron a los cananeos a trabajar como esclavos, pero nunca los expulsaron de la tierra por completo.

29 La tribu de Efraín no logró expulsar a los cananeos que vivían en Gezer, así que los cananeos siguieron viviendo allí, en medio de los de Efraín.

30 La tribu de Zabulón no logró expulsar a los habitantes de Quitrón y de Naalal, así que los cananeos siguieron viviendo en medio de los de Zabulón, pero los cananeos fueron obligados a trabajar como esclavos para ellos.

31 La tribu de Aser no logró expulsar a los habitantes de Aco, Sidón, Ahlab, Aczib, Helba, Afec ni Rehob. 32 Así que los de Aser se establecieron entre los cananeos, quienes controlaban la tierra, debido a que no lograron expulsarlos.

33 Asimismo, la tribu de Neftalí no logró expulsar a los habitantes de Bet-semes ni a los de Bet-anat. Así que Neftalí se estableció entre los cananeos, quienes controlaban la tierra. Sin embargo, los habitantes de Bet-semes y los de Bet-anat fueron obligados a trabajar como esclavos para la gente de Neftalí.

34 En cuanto a la tribu de Dan, los amorreos los obligaron a retirarse a la zona montañosa y no los dejaban descender a las llanuras. 35 Los amorreos estaban decididos a quedarse en el monte Heres, en Ajalón y en Saalbim; pero cuando los descendientes de José aumentaron en fuerza, obligaron a los amorreos a trabajar como esclavos. 36 La frontera de los amorreos iba desde el paso de los Escorpiones[f] hasta Sela y desde allí se extendía hacia arriba.

El mensajero del Señor llega a Boquim

El ángel del Señor subió de Gilgal a Boquim y dijo a los israelitas: «Yo los saqué de Egipto y los traje a esta tierra que juré dar a sus antepasados, y dije que nunca rompería mi pacto con ustedes. Por su parte, ustedes no debían hacer ningún pacto con los habitantes de esta tierra, sino destruir sus altares. Pero desobedecieron mi mandato. ¿Por qué lo hicieron? Ahora declaro que ya no expulsaré a los pueblos que viven en la tierra de ustedes. Ellos les serán espinas clavadas en el costado,[g] y sus dioses serán una tentación constante para ustedes».

Cuando el ángel del Señor terminó de hablar a los israelitas, el pueblo lloró a gritos. Por eso llamaron al lugar Boquim (que significa «llanto»), y allí le ofrecieron sacrificios al Señor.

Muerte de Josué

Después que Josué despidió al pueblo, cada una de las tribus salió para tomar posesión del territorio que se le había asignado. Los israelitas sirvieron al Señor todo el tiempo que vivieron Josué y los líderes que lo sobrevivieron, aquellos que habían visto todas las grandes cosas que el Señor había hecho por Israel.

Entonces Josué, hijo de Nun y siervo del Señor, murió a los ciento diez años de edad. Lo enterraron en Timnat-sera,[h] tierra que se le había asignado en la zona montañosa de Efraín, al norte del monte Gaas.

29 Luego les dio la siguiente ilustración:

—Fíjense en la higuera o en cualquier otro árbol. 30 Cuando brotan las hojas, sin que nadie les diga ustedes saben que el verano se acerca. 31 De la misma manera, cuando vean que suceden todas estas cosas, sabrán que el reino de Dios está cerca. 32 Les digo la verdad, no pasará esta generación hasta que hayan sucedido todas estas cosas. 33 El cielo y la tierra desaparecerán, pero mis palabras no desaparecerán jamás.

34 »¡Tengan cuidado! No dejen que su corazón se entorpezca con parrandas y borracheras, ni por las preocupaciones de esta vida. No dejen que ese día los agarre desprevenidos, 35 como una trampa. Pues ese día vendrá sobre cada ser viviente de la tierra. 36 Manténganse siempre alerta. Y oren para que sean suficientemente fuertes para escapar de los horrores que vendrán y para presentarse delante del Hijo del Hombre.

37 Cada día Jesús iba al templo a enseñar y cada tarde regresaba a pasar la noche en el monte de los Olivos. 38 Todas las mañanas, desde muy temprano, las multitudes se reunían en el templo para escucharlo.

Judas acuerda traicionar a Jesús

22 Se acercaba el Festival de los Panes sin Levadura, también llamado Pascua. Los principales sacerdotes y los maestros de la ley religiosa tramaban de qué manera matar a Jesús, pero tenían miedo de la reacción de la gente.

Entonces Satanás entró en Judas Iscariote, uno de los doce discípulos, quien fue a ver a los principales sacerdotes y a los capitanes de la guardia del templo para hablar con ellos sobre la mejor manera de traicionar a Jesús. Ellos quedaron complacidos y prometieron darle dinero. Judas aceptó y comenzó a buscar una oportunidad para traicionar a Jesús de modo que ellos pudieran arrestarlo cuando las multitudes no estuvieran rodeándolo.

La última cena

Llegó el Festival de los Panes sin Levadura, cuando se sacrifica el cordero de la Pascua. Jesús mandó que Pedro y Juan se adelantaran y les dijo:

—Vayan y preparen la cena de Pascua, para que podamos comerla juntos.

—¿Dónde quieres que la preparemos?—le preguntaron.

10 Él contestó:

—En cuanto entren en Jerusalén, les saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo. En la casa donde él entre, 11 díganle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Dónde está el cuarto de huéspedes en el que puedo comer la cena de Pascua con mis discípulos?”. 12 Él los llevará a un cuarto grande en el piso de arriba, que ya está listo. Allí deben preparar nuestra cena.

13 Ellos fueron a la ciudad y encontraron todo como Jesús les había dicho y allí prepararon la cena de Pascua.

Libro Cuarto (Salmos 90–106)

Oración de Moisés, hombre de Dios.

90 Señor, a lo largo de todas las generaciones,
    ¡tú has sido nuestro hogar!
Antes de que nacieran las montañas,
    antes de que dieras vida a la tierra y al mundo,
    desde el principio y hasta el fin, tú eres Dios.

Haces que la gente vuelva al polvo con solo decir:
    «¡Vuelvan al polvo, ustedes, mortales!».
Para ti, mil años son como un día pasajero,
    tan breves como unas horas de la noche.
Arrasas a las personas como si fueran sueños que desaparecen.
    Son como la hierba que brota en la mañana.
Por la mañana se abre y florece,
    pero al anochecer está seca y marchita.
Nos marchitamos bajo tu enojo;
    tu furia nos abruma.
Despliegas nuestros pecados delante de ti
    —nuestros pecados secretos—y los ves todos.
Vivimos la vida bajo tu ira,
    y terminamos nuestros años con un gemido.

10 ¡Setenta son los años que se nos conceden!
    Algunos incluso llegan a ochenta.
Pero hasta los mejores años se llenan de dolor y de problemas;
    pronto desaparecen, y volamos.
11 ¿Quién puede comprender el poder de tu enojo?
    Tu ira es tan imponente como el temor que mereces.
12 Enséñanos a entender la brevedad de la vida,
    para que crezcamos en sabiduría.

13 ¡Oh Señor, vuelve a nosotros!
    ¿Hasta cuándo tardarás?
    ¡Compadécete de tus siervos!
14 Sácianos cada mañana con tu amor inagotable,
    para que cantemos de alegría hasta el final de nuestra vida.
15 ¡Danos alegría en proporción a nuestro sufrimiento anterior!
    Compensa los años malos con bien.
16 Permite que tus siervos te veamos obrar otra vez,
    que nuestros hijos vean tu gloria.
17 Y que el Señor nuestro Dios nos dé su aprobación
    y haga que nuestros esfuerzos prosperen.
    Sí, ¡haz que nuestros esfuerzos prosperen!
91 Los que viven al amparo del Altísimo
    encontrarán descanso a la sombra del Todopoderoso.
Declaro lo siguiente acerca del Señor:
Solo él es mi refugio, mi lugar seguro;
    él es mi Dios y en él confío.
Te rescatará de toda trampa
    y te protegerá de enfermedades mortales.
Con sus plumas te cubrirá
    y con sus alas te dará refugio.
    Sus fieles promesas son tu armadura y tu protección.
No tengas miedo de los terrores de la noche
    ni de la flecha que se lanza en el día.
No temas a la enfermedad que acecha en la oscuridad,
    ni a la catástrofe que estalla al mediodía.
Aunque caigan mil a tu lado,
    aunque mueran diez mil a tu alrededor,
    esos males no te tocarán.
Simplemente abre tus ojos
    y mira cómo los perversos reciben su merecido.

Si haces al Señor tu refugio
    y al Altísimo tu resguardo,
10 ningún mal te conquistará;
    ninguna plaga se acercará a tu hogar.
11 Pues él ordenará a sus ángeles
    que te protejan por donde vayas.
12 Te sostendrán con sus manos
    para que ni siquiera te lastimes el pie con una piedra.
13 Pisotearás leones y cobras;
    ¡aplastarás feroces leones y serpientes bajo tus pies!

14 El Señor dice: «Rescataré a los que me aman;
    protegeré a los que confían en mi nombre.
15 Cuando me llamen, yo les responderé;
    estaré con ellos en medio de las dificultades.
    Los rescataré y los honraré.
16 Los recompensaré con una larga vida
    y les daré mi salvación».

24 Quienes no emplean la vara de disciplina odian a sus hijos.
    Los que en verdad aman a sus hijos se preocupan lo suficiente para disciplinarlos.25 Los justos comen hasta quedar bien satisfechos,
    pero el estómago de los perversos quedará vacío.

  1. Todo el texto bíblico ha sido tomado de la Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente, © 2010 Tyndale House Foundation. Edición de Kindle. ↩︎